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Kolaborazioa: Un posible modelo de estado marxista PDF fitxategia Inprimatu E-posta
2018/03/23

Modelo estado marxista

Kolaborazioa: Juan José Angulo de la Calle

Marx valoró la Comuna de París, una organización horizontal, cooperativista y asamblearia.  Sin embargo, ella era un proyecto muy pequeño y no de estado.  Un estado marxista podría ser una federación de Comunas (una federación de federaciones) de territorios pequeños que se coaligan o se federan a instancias/territorios políticos mayores, mandando a cargos rotativos (casi representantes) a instancias superiores  (condados, comarcas, regiones) hasta formar un Estado o Unión de Estados.

Hablar de "Estado marxista" puede resultar paradójico, dado que según su filosofía materialista el Estado es una consecuencia de una infraestructura económica (propiedad privada, división social del trabajo, dominación de clases altas y dominio de el capital) y de unas relaciones sociales determinadas... y debería ser eliminado.  Desde su interpretación, tendría que desaparecer el estado como tal para que no haya una administración cuyo origen y función es garantizar y regularizar el dominio de una clase sobre otra.

El estado capitalista

Más en concreto, el Estado es la organización jurídica y burocrática que sirve a los intereses de las clases dominantes; cuyo poder e influencia coacciona a los poderes públicos para que cumplan sus intereses particulares por encima de las clases dominadas.

Las clases altas explotan a las bajas: no les pagan en función de lo que producen (quedándose con el valor añadido que da el trabajo, la plusvalía) y se quedan con las riquezas.

En el capitalismo, los trabajadores deben aceptar estas condiciones asimétricas, la explotación, porque no disponen en propiedad legal de medios de producción (empresas en las que los propios trabajadores crean bienes y servicios): dependen de las clases dominantes para subsistir y tienen que aceptar estas relaciones asimétricas.

El Estado, según el materialismo histórico de Marx, siempre ha sido el aparato jurídico que se ha ocupado de que la clase dominante regularice y legalice el dominio de una clase sobre otra.  

Según Marx, la lucha de clases ha llevado o bien a la extinción de ambas clases o, finalmente, la toma del poder de la clase dominada de cada época y la transformación de de la sociedad a su imagen y semejanza.

Por ejemplo, la Revolución Francesa, en la que los burgueses toman el poder, cambiaron la propiedad de estamental a privada e hicieron que el mundo se basase en la economía comercial y mercantil, hasta pasar de una sociedad con mercados a una sociedad de mercado, subsumida la economía al capital.

Pareciera que el comunismo tendría que ir contra todo estado, dado que es la administración de una élite y con la función de garantizar las sociedades de clases.

El modelo de la Comuna de París


Sin embargo, tiene que haber un estado marxista (o algo parecido) para que la clase trabajadora, una vez tomado el poder, transforme la sociedad a una sociedad semejante a ella: desposeída; es decir, una sociedad de clases.  Aunque sea temporalmente, tiene que haber algún tipo de Estado o gobierno obrero.

Marx no llegó a escribir qué tipo de estado se tendría que construir tras la revolución.  En el Manifiesto Comunista señala que el objetivo del proletariado es la conquista de la democracia.  ¿Pero a qué se refería con democracia?

En su texto: Crítica al programa de Gotha, señala que se debe configurar una dictadura del proletariado.  Queda en el aire también a qué se refería con "dictadura del proletariado".

Según el estudio de Bensaïd, Marx entendía la dictadura en su sentido histórico, el modelo era la figura jurídica romana del dictador.  El dictador es una persona que ocupa un cargo público que ostenta poderes especiales frente a amenazas externas o a crisis especiales, y cuyo poder se limita a la solución de dichos problemas que exijan esta situación de excepción.  

Así, la dictadura del proletariado sería un gobierno temporal del conjunto de la clase trabajadora (gobierno de la mayoría) con poderes especiales y cuyos decretos se ocuparían de la disolución de las clases (hasta aquí debería durar la dictadura proletaria y no perpetuarse en el poder).

Pero todavía cabría preguntarse qué forma tendría o como sería dicho gobierno obrero.

En La guerra civil en Francia, señala que la Comuna de París es la dictadura del proletariado.  

La Comuna fue una forma de organización obrera en la que sus participantes en principio no se presentaban como miembros de un partido (aunque lo fueran), sino como personas; no había representantes: había oradores, voceros, portavoces, dinamizadores; era asamblearia: pedía responsabilidad directa de la gente; había cargos y responsabilidades, pero eran rotativos (dependientes de la asamblea) y su poder no era poder paralelo, no había cargos que ejerciesen una representación estricta que pudiese formar políticos profesionales.

No se aceptaba la división entre gobernantes y gobernados (no es posible la política normal, delegada). No diferenciaban trabajo manual y trabajo intelectual (evitaban división social del trabajo).  

Se socializaron los bienes [de explotadores exiliados o traidores al país, que se pasaron a territorio de los invasores y colaboraron con ellos]; no se nacionalizaron los bienes, no se les consideró de propiedad nacional o "estatal", sino colectiva, y comunal: las empresas socializadas eran cooperativas.

Marx llegó a dos conclusiones con la Comuna de París: 1) el poder obrero es posible (los trabajadores pueden administrarse política y económicamente por sí mismos); 2) se debe construir autonomía obrera (tras la revolución social, se deben crear comunas o consejos obreros, cuyas decisiones sean tomadas por los trabajadores de cada empresa o territorio auto-gestionado).

Comunas y partido comunista

Según Copleston, Marx abogó por crear un partido, pero su noción de partido es diferente a la que tenemos en la actualidad.  Se refería más a que se formase un sujeto político, el proletariado con conciencia, y actuase como partido, como parte de la sociedad.

El proletariado debía tomar conciencia de clase para poder actuar como una parte activa de la sociedad y que defendiese sus intereses. Los intereses de las distintas clases son contradictorios e irreconciliables a las clases dominantes: los patrones buscan el mayor beneficio aún a costa de la explotación y procuran que la riqueza pase a cada vez menos manos; y las personas trabajadoras luchan para que los salarios se vayan igualando a lo que ellos producen.

O se cumplen los intereses de las clases altas o los de las clases bajas, sus intereses son totalmente opuestos: no hay cabida para componer intereses totalmente opuestos y que generan contradicciones (diferentes formas de explotación o generación de plusvalías, acumulación de riquezas en menos manos y consecuente empobrecimiento relativo del proletariado (diferencia abismal entre salario y lo que produce) o pérdida de poder adquisitivo.

Lo normal es que tendrá que haber lucha de clases, los trabajadores se verán muy presionados por las peores condiciones laborales o de vida.  A la par de su grado de conciencia de clase, irán aumentando las movilizaciones y lucha obrera (concentraciones, manifestaciones, parones, huelgas...).

Aunque siempre quede en la elección de los trabajadores (pueden tomar decisiones) en función de su grado de conciencia de clase (saber que tienen unos intereses compartidos y que tienen que luchar por ellos porque los intereses de los patrones son opuestos y van a cumplir sus intereses).

Si se da el caso de que buena parte de la clase trabajadora tenga conciencia de clase y voluntad, habrá lucha obrera.
Si los trabajadores llegan a la conclusión de que los intereses entre clases son  ser revolucionarios querrán eliminar el sistema salarial y, con ello, cualquier forma de explotación.

En el Manifiesto Comunista defendió que el partido comunista que no estuviese aparte de la clase trabajadora, sino que recogiese las reivindicaciones e intereses de los trabajadores.  

Asimismo, hizo un llamamiento a que los trabajadores de todos los países se unieran.  La forma práctica de este llamamiento fue la formación de la Asociación Internacional de Trabajadores, una confluencia de partidos, asociaciones, ligas y sindicatos que pretendían coordinar y organizar internacionalmente la lucha obrera.

Ése es el modelo que le pareció adecuado a Marx: una confluencia de fuerzas en continuos debates y comités de organización. En la AIT se sintió cómodo en esa confluencia, salvo por los desencuentros con los anarquistas (que tenían otra visión diferente de la Internacional, más de coordinación que de organización con decisiones y compromisos).

Marx se sintió cómodo en la AIT y la promovió como medio eficaz de organización obrerista.  Se podría decir que éso es lo que entendía por partido, el hacer que la clase trabajadora sea parte de la sociedad y parte activa de ella, participativa de la vida política y social.

Si bien es cierto que formó parte de Ligas y partidos comunistas (y los promovió), él consideraba adecuado el trabajar con otras fuerzas desde su posición (comunista y con partidos comunistas detrás).

Apoyó la Comuna de París, aunque con reservas y presentando objeciones, estaba a favor de que se organizasen los trabajadores de forma autónoma e independiente, en una actuación común entre varios partidos y asociaciones (la Comuna fue promovida sobre todo por blanquistas, también por proudhonianos y otros grupos).

En esta visión, prima el poder obrero y los partidos políticos acompañan en la autogestión de los territorios de dominio obrero y empresas colectivizadas.

Partido de vanguardia y estado con economía planificada

La visión marxista-leninista entiende, por su parte, que tiene que haber un partido de vanguardia, con mayor conciencia de clase y de la necesidad de una revolución.  

El partido de vanguardia dinamizaría la lucha obrera y la guiaría a la revolución.  Poniendo cuadros en todos los sectores de la sociedad, impulsaría, convencería, dinamizaría y organizaría la revolución.  De esa manera se realizó la Revolución de Octubre.  

Es otra dinámica y estrategia, puede que llegue a hacer otras revoluciones. Las revoluciones que se realizaron así, acabaron convertidos en estados burocráticos, en capitalismos de estado que procuraron tender al socialismo, pero que contuvieron todavía bastantes características de un capitalismo de estado (con sus consecuentes capitalistas de estado, una élite por encima de la mayoría de la población: los administradores, los burócratas, la nomenklatura).

En dichos estados, sobre todo en la Unión Soviética, se organizó una economía planificada y un estado fuerte, estado-partido que lo dirigía todo.  Los soviets fueron eliminados en 1936 y sus funciones fueron ocupadas y acaparadas por la nomenklatura del partido, suprimiendo la autonomía obrera.  

La URSS y los estados del socialismo real acabaron convertidos en un estado burocrático, un capitalismo de estado que buscó el socialismo y se quedó como capitalismo de estado.  Un capitalismo de estado, con élites, los burócratas del politburó, que monopolizaron el poder y se quedaron como élite sobre el pueblo. [Por no hablar de todos los millones de represaliados que no se expresaban en la línea oficial del partido -incluso en cartas privadas- no la seguían o no parecía que la siguieran, enviados a gulags acusados de espionaje, sabotaje y contrarrevolución]

La URSS logró mejoras sociales, pero la autonomía obrera fue sustituida por un Estado administrado por élites, en una economía planificada sin posibilidad de autonomía obrera.

[Fuera aparte de los problemas que entrañan las economías centralizadas y planificadoras: planes fijos y poco adaptables a variables, economía anquilosada, falta de incentivos positivos (los trabajadores prácticamente eran casi funcionarios, con un puesto casi asegurado, y más o menos cobraban lo mismo trabajasen más o menos) y otros problemas.]

En cualquier caso, éste no tiene por qué ser el caso en revoluciones futuras que sigan la estrategia marxista-leninista, no tienen por qué tener tendencias burocráticas. Al fin y al cabo, las revoluciones las hacen las masas y la conquista del poder la hacen las clases populares: puede que las masas mantengan el poder y no es estrictamente necesario que el partido comunista que haya dinamizado la revolución tenga por qué terminar burocratizando el país, ni quererlo. El partido comunista podría llegar a hacer comités de reflexión y controlar la posibilidad de aparición de dinámicas burocratizantes.

En muchos países tendrían que contar con confluencias con partidos diferentes y ello llevaría a impedir dictaduras burocráticas, al haber debates y comités más abiertos.  Según Habermas, la acción comunicativa puede llevar a una democracia más participativa.  Esto garantizaría que el Estado no pudiera llegar a ser realidad paralela y estuviese supeditado a la autonomía obrera.
Federación de federaciones

Marx no estableció de por sí cómo sería el estado socialista, pero tomó como modelo la Comuna de París.

Ella puede ser la base.  Bakunin, por su parte, tomando como referente la Comuna de París, sugirió que este modelo se podía extender, a través de la federación de Comunas.  Las Comunas se podrían coordinar con otras, enviando portavoces rotativos (siempre bajo la vigilancia de la asamblea) a organizaciones territoriales más grandes, y así sucesivamente hasta organizar o coordinar toda una nación.

Dicha organización de federación de federaciones podría establecerse como un estado, estado en el que los trabajadores ejerciesen el poder sobre la cosa pública y aplicase leyes de forma federal.  

Un posible modelo de estado marxista podría ser una federación de federaciones de comunas asamblearias de personas trabajadoras. Podría ser una federación que se ocupase de administrar las cuestiones públicas y se encargase de disolver las clases, regulando la expropiación de la propiedad privada de los medios de producción (empresas) y estableciese formas jurídicas de propiedad colectiva, que garantizasen el control obrero directo, independiente y autónomo de cada empresa por parte de los trabajadores que la auto-gestionan.

El Estado nuevo podría regular y dar garantías de que las empresas puedan ser Empresas Gestionadas por Trabajadores, en las cuales fuesen los propios trabajadores de cada empresa los que tomasen las decisiones sobre la empresa en la que trabajen, democratizando la economía.  De dicha forma, la organización de las empresas sería por control obrero y permitiría que los trabajadores pudiesen realizar una distribución de los recursos de forma equitativa, sin explotación.

La economía sería una suerte de socialismo de mercado, una confluencia de empresas en libre mercado, pero de propiedad colectiva y de organización asamblearia.

Habría que ver si es posible que este Estado pueda tender al comunismo, a la disolución del Estado o si es necesario hacerlo.  

Al final, si hay gestión y administración (aunque sea controlada de forma asamblearia), hay organización política y esta organización puede ser considerado un Estado; democrático, pero Estado.  

Tal vez, se tenga que anular el Estado tal como ha sido hasta ahora (una organización para regular los intereses de estamentos altos, clases dominantes y élites burocráticas) y continuar haciendo política de otra forma, democrática.

Pero democrática en lo real (no con cargos a los que se delegada y que luego obedecen a intereses particulares y avariciosos de minorías ricas) y con participación del pueblo, del pueblo llano, del pueblo trabajador.

Una democracia en la que la gente controle y vigile a los políticos, no al revés; una democracia en la que los políticos tengan que dar cuenta de sus actuaciones y sean realmente controlados por la gente. Una democracia en la que los políticos (si los hay) no sean élites por encima de los demás, con trato diferenciado en juicios y con una aparente impunidad.

La democracia es un valor y un ideal.  No son unas instituciones dadas y que ya de por sí suponen democracia.  Hasta Jefferson decía que la democracia formal debía ser vigilada (no está garantizada, ni darse por hecha).
Hay mayores y menores grados de democracia, hay mayores y menores grados de participación sobre lo político por parte del pueblo llano; y, desde luego, por poder se podrían transformar las instituciones de forma que tengan que responder a asambleas populares.  Así habría una democracia más real, una mayor democracia. [Y estoy siendo generoso usando el término "democracia formal"].

Consideraciones posteriores

La lucha de clases, al menos en Europa, no es muy grande o está casi en suspenso.  ¿Es posible un gran cambio social?

Hay movimientos diferentes acerca de cuestiones sociales, contra los recortes que se están implantando y contra las reformas laborales que están vulnerando derechos laborales históricos.  

No hay mucha fuerza y, aunque la hubiese, los objetivos son políticas sociales reformistas: recuperar Estado del Bienestar (Educación, Sanidad, pensiones dignas, renta básica para no acabar en trabajos-basura...), derechos laborales mínimos y, en general, que se cumpla el Estado Social.   En Portugal, la coalición de gobiernos de izquierdas lo están haciendo: subida de salarios y pensiones, inversiones en Educación y Sanidad...

Las reformas no acaban con las contradicciones intrínsecas e irreconciliables entre clases.  Son cambios parciales, muy necesarios para defender los derechos sociales (mejores salarios y Estado Social), pero que no superan las contradicciones entre clases y las clases altas siempre pueden presionar para que se involucione y se vulneren derechos sociales.

Esto es, las reformas son volátiles. Pueden ser vulnerados por sufrir presiones y coacciones externas que debilitan o dificultan su aplicación .

No suelen durar, no necesariamente por la voluntad política; sino por presiones de organizaciones que disponen de un poder muy influyente sobre los Estados (a través de la presión de deudas contraídas, negaciones de préstamos "necesarios" u otras presiones económicas): FMI, BM, OCDE, CEOE, IBEX 35, la Troika...  

La Troika metió tanta presión con la deuda a Syriza, que este partido acabó acatando sus directrices y sus exigencias de austeridad (recortes abusivos sobre pensiones y otros gastos sociales).  Podría volver a pasar con otras políticas alternativas.

En cualquier caso, queda claro que si las políticas sociales (reformas populares) son difíciles de aplicar y mantener, mucho más complejo es que se pudiera realizar un gran cambio social o, incluso, una revolución social.  Máxime teniendo presente que la mayoría (o una cantidad grande y suficiente) de los trabajadores no están dispuestos a embarcarse en la lucha de clases y menos a la lucha revolucionaria.

No soy un revolucionario, no tengo un modo de vida revolucionario (realmente solamente voy a manifestaciones y concentraciones, a protestas); por tanto, no tengo un conocimiento de la praxis revolucionaria; pero aún con todo, tengo bastante claro que históricamente las revoluciones las hacen las masas y, dado que no hay masas combativas, se puede concluir que no habrá revolución social.

Todavía hoy es un gran reto construir un movimiento popular y una renovación de la lucha de clases que permita alcanzar tanto poder popular autónomo que permita la toma del poder y ejercer el poder sobre las decisiones políticas.

Aún hoy está por ver cómo se puede ir más allá de la democracia formal [soy generoso llamándola democracia formal] y construir una democracia real, en la que las leyes respondan a los intereses de la mayoría (no creo que la mayoría de la gente quiera precariedad laboral y recortes sociales).  

Está por ser pensado la manera de crear una democracia participativa, en la que la gente pueda decidir directamente sobre las cuestiones públicas y económicas (tras debates y comunicación, no por el mero peso de la mayoría).  

La lucha social supone riesgos, máxime con la ley mordaza y la impunidad con la que cuentan los torturadores (se han indultado en el Reino de España a condenados por torturas).  El miedo es libre.

No soy quién para decir nada, pero la verdad es verdad la diga Agamenón o el porquero de Agamenón.  Si no se lucha, nadie te escucha.  Las personas trabajadoras verán, pero si no pelean por sus derechos, la patronal y sus políticos neoliberales seguirán vulnerando derechos como han hecho hasta ahora, porque les interesa.  

Soy un filósofo, mi tarea es hacer preguntas y hacer reflexionar. Si sigue la precariedad laboral, moderación de salarios e inestabilidad, ¿quién podrá consumir? ¿A dónde irá Europa si no hay lucha social o de clases?  ¿Dónde quedarán los derechos sociales?  

Aunque se consigan políticas sociales, ¿no son más bien parches que no van a la raíz, las contradicciones entre clases?  

Antes se decía: "o socialismo o barbarie", ¿no es actual?  ¿Quién ha generado la crisis, no ha sido la especulación y las burbujas?  ¿No será que el liberalismo salvaje sin regulación conduce a especulación y caos?  ¿O no será que el capitalismo es el que propiamente genera contradicciones?

Una última observación: si el capitalismo sigue con su lógica de crecimiento desbordado y sin regulación ninguna, lo que va a llegar es un cambio: el cambio climático. Caos, muerte y destrucción.

Gracias por la atención.

-Bibliografía:


-Amin, S. (2017): Octubre 1917.  Trad. Joseph Sarrer.  Barcelona: El Viejo Topo.

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-Roemer, J. E. (1995): Un futuro para el socialismo. Trad. Antoni Domenech. Barcelona: Editorial Crítica.

-Solzhenitsyn, A. (2015): Archipiélago gulag. Barcelona: Tusquets Editores.


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