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Kolaborazioa: Cooperativismo, potencial alternativa PDF fitxategia Inprimatu E-posta
2018/01/03

Ilustracion

Kolaborazioa: Juan José Angulo de la Calle

El neoliberalismo ha convertido la economía en un juego de especulación desregularizada que ha llevado a crear burbujas financieras, que han acabado estallando y ha arrastrado al resto de la sociedad. Junto a la mayor especulación se ha sumado la mayor precarización del trabajo (con sus consecuentes menores salarios y falta de estabilidad), que ha llevado al menor consumo y a la consecuente crisis.

El liberalismo salvaje deja a la patronal que busque el máximo beneficio para cada vez menos manos sin ningún otro objetivo ni valor. La búsqueda del crecimiento desmedido sin buscar asentamiento en un desarrollo económico (inversión en desarrollo y búsqueda de estabilidad) lleva al caos. No se tiene presente que si no se mejoran los salarios, no aumenta el consumo. Estas prácticas son una ceguera.

Además fomenta peores condiciones laborales y mayores formas de explotación (precariedad laboral), por no hablar del sustento de la mano de obra barata en los países del tercer mundo, que viven en condiciones draconianas.

De todas maneras, el capitalismo supone de por sí la regulación de la explotación. El capitalismo supone en sí el que se pague a los trabajadores no en función de los bienes y servicios efectivos que producen, sino por su fuerza de trabajo o esfuerzo, a través de un salario que es inferior a lo que ellos producen (de forma que en sí mismo el trabajo asalariado ya es explotación).

Como alternativa a esta organización de la economía tan inhumana, las cooperativas pueden ser una alternativa o una muestra de que la sociedad podría producir sin que haya asalariados, formas de dependencia a las clases altas, ni tratos asimétricos. El proyecto cooperativo puede desarrollarse hasta hacerse integral, sin presencia de asalariados.

Humanismo cooperativo

Joxe Azurmendi analizó en su libro Gizabere kooperatiboaz si los seres humanos somos más egoístas o más cooperativos. La lectura de autores evolucionistas, le llevó a la conclusión de que, si bien los seres se hayan en competencia, la especie humana, entre otras, encontró en la colaboración una ventaja evolutiva. Surgió como búsqueda de protección y de obtención de mejores formas de organizar la adquisición de recursos, pero de forma emergente acabó formándose una apreciación social de la comunidad y la glorificación de su protección, hasta el punto de que algunos de sus miembros estuviesen dispuestos a sacrificarse por el grupo (aunque también tuviera que ver ser leal al grupo fuera una forma de garantizar la vida de sus hijos).

Continua Azurmendi, señalando la teoría de Dawkins acerca del gen egoísta. Según éste, las personas poseemos un gen egoísta que fomenta que tengamos actitudes egocéntricas. Sin embargo, este gen egoísta al final también es un gen cooperativo, en tanto en cuanto la cooperación permite la obtención de más recursos que actuando solo (colaborar con otros satisface los intereses particulares).

Termina Azurmendi recordando que el ser humano es un ser social y que puede cooperar. Después hace un llamamiento a recuperar y reactivar el pensamiento humanista y personalista de Arizmendiarrieta (promotor de las cooperativas de Mondragón), que defendía que el ser humano se realiza con los demás, se forma como persona colaborando con otros y, además, logra los recursos que necesita de una manera humana. Azurmendi entiende que este pensamiento se podrá reactivar si se fomenta en la educación (sobre todo en los centros vinculados a las cooperativas de Mondragón, pero también en la educación en general) y si se extiende fuera, fomentando una praxis, una forma de actuar, más humana y cooperativa.


Cooperativas de Mondragón


El cooperativismo surgió en Mondragón en los años 60-70 bajo la iniciativa de Acción católica (la iglesia no era objeto en sí de vigilancia si sus actividades solamente eran relativamente transformadoras y no radicales). Su objetivo era satisfacer las necesidades de la comarca (económicas, sociales y laborales), permitiendo que los propios obreros levantasen la comarca por sí mismos con dignidad y que ellos se autogestionasen de forma autónoma y responsable.

El sistema cooperativo de Mondragón está basado en una serie de valores:
lana edo lanaren etika, ardura, austeritatea, zintzotasuna eta zuzentasuna, elkartasuna, eraginkortasuna eta errealismoa, demokrazia, elkarlana eta elkartasuna. Esto es: trabajo o ética del trabajo, responsabilidad, austeridad, honestidad y corrección, solidaridad, efectividad y realismo, democracia, trabajo en equipo y solidaridad.

La solidaridad se repite dos veces porque es el valor más importante, se procura apoyo mutuo o ayudarse unos a otros de forma que se logre mutuo beneficio. El trabajo se reparte y la ética del trabajo consiste en éso, en repartir el trabajo y hacerlo en equipo, y trata también de procurar un reparto de beneficios que sea de la forma más equitativa (con unas diferencias proporcionales de retribuciones de, como mucho, de 5 a 1). La austeridad es la exigencia de elegir reducir retribuciones en favor de invertir más para después ganar más; esto requiere una gestión responsable

La democracia se realiza por su organización en la que las decisiones fundamentales se realizan en Asamblea general y se delegan decisiones concretas y puesta en práctica de los proyectos a distintas juntas, consejos, gerencias y direcciones cuyos cargos son rotativos o cambiables. La organización es horizontal, equitativa entre sus socios y en trabajo en equipo.

Sin embargo, estas empresas también contratan trabajadores asalariados, conllevando algunas de las contradicciones del capitalismo. Al final, el cooperativismo de Mondragón es un capitalismo de un rostro más humano, pero sigue dentro del capitalismo.

Cooperativas integrales catalanas

Joan Enciam en su artículo Cooperativas integrales. Hacia una sociedad autogestionada describió las cooperativas integrales catalanas.  Son una serie de cooperativas situadas en determinadas zonas de Cataluña que están ahondando en el cooperativismo. Basadas en principios anarquistas como el apoyo mutuo, la igualdad plena y el asamblearismo, se organizan de forma horizontal, sin tener trabajadores asalariados, y fomentando la construcción de una red de colaboración.

Dicha colaboración es una coordinación de acción en la que se construyen mutuos acuerdos comerciales y tratos con comercios locales; así como supone también un fomento de una serie de proyectos sociales que procuran mejorar las condiciones de vida de su comarca, fomentar una educación más social.

La organización es horizontal (sin cargos jerárquicos) y las decisiones se toman en una democracia directa. Consideran que su proyecto es un comienzo para la transformación integral revolucionaria de la sociedad a través de la difusión de su organización social, el cambio en el sistema de valores y la modificación de la forma de ser y actuar de las personas.

Las cooperativas integrales son una forma de contrapoder popular, que muestran que es posible organizarse de forma horizontal, en democracia directa, descentralizada y capaz de cooperar en red (con otras cooperativas integrales, comercios locales, asociaciones locales y proyectos sociales). Buscan extender su modelo y fomentarlo a través de su promoción y de la colaboración con proyectos locales que mejoren las condiciones de las comarcas en las que se hayan.

Hacen uso de la legalidad vigente, el registro como entidad jurídica cooperativa, pero como medio para construir otros modos de producir (de manera autogestionaria, minimizando la delegación por uso de la rotación y como medio de proteger recursos colectivos (naturales y sociales, a través de sus proyectos exteriores).

Las cooperativas son usadas para hacerse con la actividad económica y gestionarla con otros valores, permitiendo que se puedan financiar centenares de proyectos autónomos en el territorio por medio de redes autogestionarias: se crea una red de proyectos locales basados en el apoyo mutuo comarcal. Se toma la actividad económica para conducirla de manera diferente a la competitividad y las exigencias del mercado liberal actual, sustituyendo esta dinámica por una economía basada en los acuerdos en igualdad con comercios locales y el apoyo mutuo o complementación entre empresas.

Consideraciones

Las cooperativas integrales son una forma alternativa de vivir y se esfuerzan por extenderse lo máximo posible. Sin embargo, no llegan a mucha gente para la que su realidad está inscrita en el mundo laboral (por estar trabajando o preparándose para lograr un trabajo); para la mencionada gente, las cooperativas integrales pueden resultar realidades paralelas o ajenas, siendo su realidad las condiciones laborales en las que se hayan. Estas personas en su estado actual requieren asociaciones obreristas y sindicales que luchen por las condiciones en las que se hayan inscritos, y la colaboración con ellas puede pasar por la solidaridad y ayuda en las luchas obreras.

El cooperativismo es importante, se esfuerza por extenderse socialmente y una forma de acercarse a mucha gente puede pasar por la ayuda a luchas obreras (que ya se hace, pero que podría ser reforzado algo más).

Por otro lado, la efectividad de las cooperativas de Mondragón queda probada por su duración de décadas y algunas de sus formas se podrían adoptar y extender. Un cierto grado de competititivad y de libre mercado puede ser necesario, al menos como puente intermedio hacia otro tipo de sociedad diferente que se procure fomentar (opino que los cambios sociales se deberían dar paso a paso).

A partir del cooperativismo como base organizativa y valores, se puede procurar llegar a un socialismo de mercado, compuesto por empresas de control obrero y por cierta competición entre ellas que evite una excesiva economía planificada con los problemas que puede contraer. Me puedo equivocar, pero una coordinación excesiva y orientada hacia unos objetivos unificados puede llevar de facto a una planificación de la economía con su consecuente: anquilosamiento, falta de versatilidad, carencia de incentivos por percibir mismas retribuciones siempre, planificación demasiado rígida y poco incentivo hacia la iniciativa.

Seguramente, me equivoque, dado que la coordinación es completamente distinta de la planificación centralizada de las dictaduras burocráticas del antiguo socialismo real (ella es descentralizada y asamblearia); sin embargo, considero que lo que más aleja de la planificación rígida es el socialismo de mercado que propone Roemer en su libro  (empresas compitiendo y buscando continuas mejoras, pero controladas por los trabajadores y evitando así que haya formas de dominación o jerarquías).

Cómo construir ese socialismo de mercado es una cuestión por resolver. Una manera puede ser fomentando el cooperativismo y conduciéndolo a este modelo; tal vez puedan hacerse cambios progresivos por presiones sociales de una unión de acción entre asociaciones sociales, sindicatos y partidos de izquierdas, aunque no sé si ahora conseguirían suficiente fuerza o si de por sí llegarían a ejercer gran influencia por protestas sociales, manifestaciones y huelgas.  Saber construir un movimiento de lucha que consiga establecer una democracia participativa es un gran reto.

En cualquier caso, el cooperativismo es la prueba de que la sociedad puede organizar la economía de una manera diferente, más democrática, más igualitarista, más justa y más humana.

Bibliografía:

-Azkarraga Etxegibel, Joseba 2006: Nor bere patroi.  Arrasateko kooperatibikstak aro globalaren aurrean.  Vitoria-Gazteiz, Servicio Central de Publicaciones del Gobierno Vasco.

-Azurmendi, Joxe  1984: El hombre cooperativo. Pensamiento de Arizmendiarreta. Oiartzun: Caja Laboral Popular.

-Azurmendi, Joxe  2016: Gizabere kooperatiboaz.  Andoain: Jakin irakurgaiak.

-Enciam, Joan  2014: "Cooperativas integrales. Hacia una sociedad autogestionada" in  Ekintza Zuzena, n. 41., Bilbao: Revista Ekintza Zuzena.

-Palacios, Carlos R. 1983: "Problemas macroeconómicos de los países socialistas", in Juan Manuel Prado, (ed.): Enciclopedia práctica de economía. Volumen III. Barcelona: Ediciones Orbis, pp. 261-280.

-Roemer, John E.  1995: Un futuro para el socialismo.  Barcelona: Crítica

Juan José Angulo de la Calle

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