El peligro de no seguir a la mayoría Inprimatu
2008/12/18

KOLABORAZIOAK
- Martin Irube
En herriKolore queremos dar voz a quien tenga algo que decir, sea cual sea la forma que utilice para expresarlo.
Y es así que en esta ocasión publicamos un cuento que nos acaba de mandar Martin Irube. Goxa ezazue!
camuflado entre las sombras de la noche, el joven volvía al pueblo con la intención de convencer a los menos cerrados de mente de que la única solución sería que el jefe dejara de comer chocolate y siempre conseguía que sus palabras calaran en los que las escuchaban

Once upon the time... había un pueblo en un lugar muy muy muy remoto, cuya principal ocupación era producir cacao con el que elaboraban un exquisito chocolate que era el orgullo de todos sus habitantes.
 
Una mañana el jefe del pueblo amaneció con su cuerpo lleno de granos... y saltó la alarma.
Se reunieron los sabios para encontrar una solución... llenaron al jefe de pomadas y ungüentos y, al de unas horas, los granos desaparecieron y lo celebraron con una gran chocolatada.
 
Pero, al día siguiente, los granos volvieron a aparecer y, con ellos, la desolación en el pueblo.
De nuevo se reunieron los sabios... de nuevo llenaron al jefe de pomadas y ungüentos... de nuevo desaparecieron los granos... y de nuevo lo celebraron con una gran chocolatada...
 
Pero, de nuevo... volvieron a aparecer los granos...
En la reunión de sabios uno de los más jóvenes pidió permiso para hablar y dijo "¿y no le saldrán los granos por comer tanto chocolate?"
Sacrilegio... las miradas de los demás se clavaron sobre él... Blasfemia... ¿Cómo podía osar hablar mal de "su" manjar?
Inmediatamente el jovenzuelo fue desterrado...
 
Más pomadas... más ungüentos... más chocolatadas y más amaneceres repletos de granos...
 
Así fue pasando el tiempo... sin grandes cambios...
 
De vez en cuando, camuflado entre las sombras de la noche, el joven volvía al pueblo con la intención de convencer a los menos cerrados de mente de que la única solución sería que el jefe dejara de comer chocolate y siempre conseguía que sus palabras calaran en los que las escuchaban... aunque no todos se mostraban dispuestos a expresar su opinión en público... y es que, cada vez que alguien se atrevía a dar la razón al joven, era inmediatamente desterrado...
 
Así se fue formando un grupo, cada vez más numeroso, de proscritos... que, de vez en cuando, entraban a escondidas en el pueblo para intentar convencer a más gente.
 
Pasó más tiempo... pasaron años... y nada cambiaba...
Seguían los granos... seguían las chocolatadas...y seguían los destierros.
 
Y en esas siguen... y en esas seguimos...
en intentar que los "sabios" abran los ojos y se den cuenta de que de nada sirve perseguir los efectos... que la única solución es la de atacar de raíz a las causas...
 
Quién sabe... quizás algún día lo entiendan... y el jefe deje de comer tanto chocolate...